viernes, 12 de febrero de 2010

EL OLVIDO QUE SEREMOS.


POR : RAUL PACHECO BLANCO.

Empecé a leer el libro con cierto escepticismo, por la inmensa acogida que había tenido al publicarlo. Inclusive compré la edición pirata en la 35, para no aventurarme a que no me gustara.
Los primeros capítulos me parecieron demasiado dulzones, con una vela encendida para el padre, alumbrándolo todo el tiempo.
Y paré, no pude seguir porque me acuciaba la idea de que sería esa literatura romanticona, medio cursi, que no llega a otros niveles.
Lo dejé y no volví a intentar una nueva oportunidad.
Pero leí luego en El País de Madrid una critica de Mario Vargas Llosa, que me dejó atónito, no lo podía creer ante tamaños elogios y colocando a Abad Facio Lince, a la altura de los grandes. Ante semejante argumento de autoridad volví a tomar el libro y empecé de nuevo : me dio la misma sensación que en la primera lectura. Pero continué, pues no en balde Vargas Losa se extendía en elogios para El Olvido que Seremos.
Ya cuando me internaba más en su lectura y Abad abandonó un tanto la imagen del padre y tomó la familia materna , se viene un torrente de ironía, de gozo en sacarse determinadas clavos , que ya me sedujo y de ahí en adelante, quedé completamente dominado por la magia del escritor, sobre todo cuando dice que su mamá era hija del arzobispo de Medellín, monseñor Joaquín García Benítez, a quien nosotros teníamos muy bien catalogado, para presentárnoslo como un pobre hombre que ya no daba pie con bola.
Y así como no se detiene en los elogios a la familia paterna, tampoco en burlarse con una gracia de ley, ante la familia de su mamá, que ya no era antioqueña, sino santandereana.
Realmente la señora era sobrina del arzobispo García Benítez y se crió en “ Palacio”.
Y ahí viene la paradoja : dos concepciones encontradas ante la vida, la una, la del padre, atea y laica hasta morir y la otra , la materna santandereana, rezandera y religiosa hasta morir.
Lo cual precisamente viene a romper los dos paradigmas regionales, el antioqueño ,religioso, lleno de curas y de monjas y con un sello característico, como región conservadora por excelencia. Y el santandereano, radical , masón , ateo y anticlerical.
Pero a Abad se le invirtieron los términos . .Simpática situación.
Por lo demás se trata del relato más desgarrador que pueda uno haber leído sobre estas épocas en Colombia, desde el ámbito de la familia, con la violencia-ambiente y el cúmulo de problemas de familia que Abad narra en forma descarnada. Se trata pues, de una auténtica catarsis de todo aquello que el escritor percibió en esos años aciagos.
Tiene tal intensidad que la concepción de la novela y la vida se trasvasan, se retroalimentan.
Tenía toda la razón Vargas Llosa .
Por la casa de los Abad Facio Lince pasa la historia de Colombia hasta helarnos la sangre. Y la magia de la prosa de Abad lo lleva a uno del hocico .

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