Ahora Alonso Sanchez Baute, ( Líbranos del bien, Alfaguara, 08) se vale de entrevistas para presentarnos un retrato de Simón Trinidad y de Jorge Cuarenta, el guerrillero y el paramilitar, ambos pertenecientes a la aristocracia vallenata. Y se pregunta en qué momento se jodió el Cesar, o Valledupar, cuando era el paraiso del vallenato, de la paz. Uno de sus personajes le responde: “…los primeros inmigrantes que se adueñaron de la región” Maldito Laureano Gómez gritó un día Teófilo Saramendiz cuando el perro de un santandereano mordió a su hijo…Maldito Laureano porque si no fuera por él, no habría violencia y al Valle no habría llegado nunca esta mano de santandereanos desplazados.
Así llegaron; huyendo de la violencia en sus ciudades, pero imponiendo en el nuevo territorio su propia versión del terror. ¿Recuerdas que en Puerto Bello a partir de cierto lugar-aquel conocido como Lomita Blanca-no se podía transitar porque en adelante era territorio santandereano? Ya sabes lo que eso significaba: que cualquiera podía morir asesinado”. Y luego vinieron los contrabandistas, traficantes de maracachafa, los guerrilleros y ante ese alud, los paramilitares. Todo eso produjo a Simón Trinidad, a Ricardo Palmera Pineda, hijo de la santandereana Alix Pineda y el vallenato Ovidio Palmera y a Jorge Cuarenta, Rodrigo Tovar Pupo, de la aristocracia vallenata y también al novelista Alonso Sánchez Baute, quien se vale de su intenso reportaje que él llama novela, “Líbranos del bien”, para darnos una versión de su tierra, desde su óptica de homosexual desplazado.
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