jueves, 27 de abril de 2017

SE SUPO TODO



POR: RAUL PACHECO BLANCO.

 

A Maduro se lo advirtieron en todos los tonos: no se meta con Santos, porque en menos de nada, le vuelve la espalda, mire lo que le hizo a Uribe. Y Chávez no hacía otra cosa que decirle que con Santos la cosa era difícil, porque pertenecía al cogollo de la oligarquía bogotana, tan  diestra en la forma como en el fondo. Un abrazo de  ellos es de lo más peligroso le repetía a Maduro. Conmigo no se atreven porque el petróleo está a cien dólares, pero cuando esté a cincuenta usted lo verá. Y cuando ya moribundo, le daba las últimas instrucciones a Maduro, Chávez le dijo con voz apagada: Ojo, con Santos. En su momento dio mucho que hablar la frase de Santos que Chávez era su nuevo mejor amigo, ese fue uno de los primeros golpes de canilla que le propinó a la nerviosa espinilla del expresidente Uribe. Cuidado con esas exquisiteces que de eso tan bueno no dan tanto, le dijo Chávez a Maduro, cuando avanzaba en su último periplo. Pasaron los días y Chávez en un  momento dado le dijo a Maduro: ya sé la estrategia para mantener amarrado a Santos. Le voy a proponer que inicie un  proceso de paz con las Farc que yo lo apoyo. La cosa está convenida con el de arriba, Maduro creyó que el de arriba era Dios y, Chávez le contestó: no sea  bruto, el de arriba es Fidel. Cuando le hicieron la propuesta al presidente Santos, este apenas se sonrió, con esa malicia indígena con que suele despachar todos sus asuntos, como si le mamara gallo al interlocutor y luego se despachó: eso mismo iba a proponer, aprovechando que ahora ustedes son mis nuevos mejores amigos. Y el proceso de paz con las Farc se surtió en la Habana, pero impulsado siempre desde Caracas. Vino la muerte de Chávez y la sucesión de Maduro. Y el proceso continuó. Pero el precio del petróleo bajó a cincuenta dólares. Maduro recordó las palabras de su mentor, se santiguó y esperó mejores momentos. Que no llegaron  desde luego. Ya el proceso de paz iba en la etapa de la entrega de armas, la guerrilla se había desmovilizado de sus frentes y llegaba  a sus nuevos cambuches desde donde empezarían a labrarse un destino democrático. Pero ya era tarde para Maduro. Así que no tuvo más remedio que despacharse desde Caracas contra el presidente Santos y contra Colombia, un país fallido, según él.

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