El vuelo fue normal. Las azafatas de LAN muy lindas, atentas y
simpáticas. Chilenos y gringos en cantidades llenaban el avión que parecía un arca de Noé, con sus
asientoscasi pegados entre sí, incómodos,
como para láminas delgadas de piel humana, con un objetivo concreto: la
comodidad de los pasajeros de primera
clase. El aeropuerto de Santiago ya repuesto de las descalabraduras del último
terremoto, sus interminables pasillos hasta llegar a inmigración, donde solo se
escucha hablar inglés, como si fuera el
lenguaje universal. Los gringos en grupos compactos hacían valer su condición de
mandamases del mundo, ordenando las cosas a su modo y manera. Como si
estuvieran en el patio de su casa en Winter Garden o en Morristown, todos muy cómodos con sus shorts,
bermudas y camisetas que dejaban ver los tatuajes en sus brazos y sus sandalias
de pescador. Una persona bien vestida se veía mal en medio de semejante derroche de suave desaliño. La ciudad, como siempre, limpia, ordenada, y
las montañas vecinas que llegan a cubrirse de blanco en otras estaciones, ahora
tienen un lomo de piel de burro que marca el perfil de Santiago. En el centro la gran
torre de Santiago, el edificio emblemático de setenta pisosse alza majestuoso y desocupado, pues
mantiene una querellacon la alcaldía por
razones de orden urbano y debe estar muy preparado para enfrentar los nuevos
temblores. Los prados lucen impecables en las residencias y en los parques, porque los alcaldes de comuna
los mantienen regados permanentemente sin esperar a que la providencia les haga
el favor de regarlos en los aguaceros. Santiago no tiene alcalde mayor, pues
cada comuna tiene su alcalde, así que se evitan tener un Gustavo Petro para que haga las obras y atienda los clamores
de la población. Eran las siete de la mañana y Santiago jugaba con un clima
frio, para ir levantándose poco a poco y alcanzar los 27 grados de un verano
que es recibido como corresponde para que cada quien se aligere de ropas y de
ánimo. Pasamos por las calles que evocan a viejos prelados como Monseñor Escrivá
de Balaguer y el padre Hurtado, mientras
la presidenta Bachelet denuevo en el palacio de la Moneda se bate ante
los escándalos propiciados por uno de sus hijos, enlodando de entrada su segundo
periodo en la presidencia. PD. Mi sentido pésame para el doctor Alejandro
Ordoñez y su distinguida familia por la muerte de su señora madre.
Abogado colombiano de la Universidad Externado de Colombia de Bogotá, exparlamentario y político , catedrático universitario de siete Universidades del país, autor de cuatro obras de Derecho Constitucional, ya publicadas, de novelas en proceso, ensayos políticos como “El Origen ideológico de los Partidos en Colombia”, e históricos como la biografía de Solón Wilches, un personaje de la Colombia Federal del siglo XIX, “La Batalla de Peralonso”, dentro del ciclo de la guerra de los Mil Dias en Colombia, y Biografía critica de Laureano Gómez, político colombiano del siglo XX,Para citar algunos.
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