viernes, 25 de diciembre de 2015

NI TANTO QUE QUEME AL SANTO...


POR: RAÚL  PACHECO BLANCO.

 
El caso de Natalia Springer da para muchas interpretaciones y sobre todo, para radicalizarse, bien sea apoyándola, o tratando de acabarla. Esto último es lo que parece imponerse a juzgar por el fuego cerrado del periodismo, que se ha unido para borrarla del mapa. A primera vista parece revivir el cuento de la cenicienta, por cuanto una niña que tiene un apellido muy criollo, Lizarazo, se lo taja para ponerse uno más cotizado, como Springer y a partir de ahí le llueven  los contratos y en menos de nada se hace personaje nacional, acumula una suma de dinero apetecible y además se le lleva al extranjero, se le exhibe, se le da oportunidad internacional de mostrar su talento o sus carencias y, luego, se le condecore por una entidad que la ha  remunerado suficientemente, da para muchas reacciones. Las señoras no la pueden ver pues se trata de una mujer muy bonita, con una cara muy cuidada, una estampa cerograsa, una finura de artista y una dicción perfecta, que viene de un talento apreciable y de una cultura que se ha venido haciendo con el tiempo, madurándose. Eso suscita muchas envidias. Los señores que viven en la academia tampoco la pueden ver pues sus contratos no han tenido los rendimientos que Natalia ha obtenido con sus contratos. De ahí que le hayan hecho un seguimiento carnicero tratando de cogerla in fraganti. Sin embargo, ella le ha salido a todo. No niega entrevistas. Y lo hace con una propiedad y un dominio de las cosas que admira. Por eso el Fiscal se ha visto seducido por su talento. Y por eso se la llevó al extranjero, para exhibirla. Y se derrite ante ella. Y ella no se achanta, sino que ve todo normal, como si todo lo que ha hecho hasta ahora no tuviera cierta notoriedad. Y, si, se cambió el apellido criollo y se puso el extranjero ¿y qué? Y el paso por diversas actividades en donde se ha venido cotizando, como  en la radio, al lado de una periodista de la calidad de Vicky Dávila, de columnista de  El Tiempo, en donde se analizaban sus artículo bajo la perspectiva de ser Springer y no Lizarazo, sin que nadie se diera cuenta. Y decana de una facultad de derecho, en fin, toda una carrera que la puede llevar a otras posiciones más elevadas. Y una reportera intrépida y de carácter: al presidente Uribe lo mantiene  en vilo durante media hora, como si nada.

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