POR: RAUL PACHECO
BLANCO.
Tanto Romney como Obama son unos triunfadores. El uno en la
empresa privada y el otro en la política. Multimillonario el primero , y un aristócrata negro el segundo.
Para la actual situación de Estados Unidos uno diría que le
iría mejor con Romney que con Obama, pues aquel es un curtido hombre de
negocios, que se las sabe todo en materia de economía. Y así como ha podido volverse rico, también podría
volver rico a Estados Unidos. Obama en cambio es un político y por lo tanto,
solo maneja ideas generales y de los negocios , pocón. Ahí se la gana pues Romney, quien es la
representación viva de la cultura norteamericana con su Coca Cola, los
ampulosos centros comerciales, los grande rascacielos, los hoteles de muchas
estrellas, los automóviles de lujo, los yates, en fin. A todo eso sabe el
candidato Romney.
Cualquiera diría que
no tiene pierde en la elección de mañana, porque lo tiene todo y en todo ha
triunfado. Y si le faltaba algo, ha sido pastor mormón, predicador religioso,
cosa que también es de la cultura norteamericana.
Sien embargo, no tiene la cercanía de Obama con su gente. No
es un líder como Obama, sino un técnico o un hombre de negocios. Esa aura
popular que consagra, no la tiene. En tanto que Obama seduce con ese aire
keynediano, en su versión negra que le ha dado tanto arraigo en la sociedad
norteamericana, pues ha pasado no como un levantado, como un líder racial, sino como el
representante de una sociedad que tiene unos valores y alguien los encarna sin
tener en cuenta el color de la piel.
Obama ha pasado casi como un blanco, de tanto parecerse al arquetipo del
norteamericano. Y es brillante en su oratoria, mientras que Romney tiene la
presencia de un Rolls Roy, que brilla, no por su talento, sino por sus latas.
Es la diferencia entre el calor humano de un líder que se ha
curtido en el ejercicio público y conoce a su gente y el hombre de
negocios que para ampliar su currículo o
como objetivo de compra y de mercadeo, se lanza a conquistar una propiedad más,
que es el poder. Poder que no tenía y que le vendría bien para su figura de
negociante.
Obama es un intelectual, que se puede pasear por los
diferentes escenarios, brillando siempre por su cultura, mientras que Romney
solo puede mostrar la soltura que da la
riqueza, el lenguaje de los negocios que salta a la vista.
Y para el mundo es mucho mejor la nueva imagen de los
Estados Unidos que el representa, cuando ha empezado a desmontar su hegemonía,
su imperio, la majestad de unas armas que invaden países sin decoro y sin
decencia.
La prudencia de Obama en el manejo de la política
internacional, va mejor que el deseo imperial de subyugar y de imponer al mundo
una conducta.
Por eso, vale mejor la condición de líder, que la del técnico
frio, que la del calculador hombre de negocios , que la del gerente.
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