POR: RAUL PACHECO
BLANCO.
Al partido conservador colombiano le puede pasar lo mismo que al partido liberal del Reino
Unido : desaparecer de la escena política luego de ser junto con el partido
conservador los partidos mayoritarios y
los ejes determinantes del juego
democrático, alternándose en el poder por muchos lustros.
El partido liberal del Reino Unido había sido creado por
Lord Palmerston en 1859 cuando los viejos whisgs se fusionaron con las demás fuerzas
liberales para crear el partido liberal
. Y durante más de un siglo se disputaron con el partido conservador, heredero
de los viejos tories , el poder del Reino
Unido. Pero ese partido liberal así conformado
fue languideciendo ante el avance del partido laborista, quien prácticamente lo
fue desplazando de esa posición política de izquierda hasta liquidarlo. Los restos en
todo caso se unieron luego a los socialdemócratas y crearon en 1.988 el partido
liberal democrático, que solamente se ha mantenido a base de papeles de
relleno, para hacer coaliciones, bien con el laborismo o con los conservadores,
para tratar de morder algo de poder. Es por lo tanto, un partido residual que
perdió la antigua trascendencia. Esto le puede pasar al partido conservador
colombiano que de ser uno de los ejes de la política colombiana desde el siglo
XIX ha ido perdiendo tanto terreno, que hoy se encuentra asumiendo el papel de
dama de compañía de quien llegue al poder, sea cual sea: bien el expresidente
Uribe o bien el presidente Santos. Al
partir cobijas el expresidente Uribe y el presidente Santos, los conservadores
de quedaron de uno y de otro lado. Con Uribe se fueron Alfredo Ramos, Martha
Lucia Ramírez, Laufourie, Enrique Gómez Hurtado, Mariano Ospina Hernández,
Ignacio Valencia, entre otros. Mientras con Santos se fue la mayoría de la
bancada conservadora, el directorio actual y los ministros como Rodado Noriega,
Echeverri, Juan Camilo Restrepo y no sabemos con quien se encuentre el grueso
del partido conservador. Lo cierto es que está en la encrucijada porque el estado mayor se
dividió y se partió en las dos vertientes. Entonces no hay bríos
suficientes como para tratar de formar una tercería y enfrentar tanto a
uribistas como a santistas. Ahí se presenta la alternativa hamletiana de ser o no ser. Bajarse del gobierno e irse
en una fuerza independiente no está en los planes del directorio ni de los
altos funcionarios conservadores. Encontrar un candidato presidencial de unión
que aglutine todas las fuerzas es difícil encontrarlo precisamente por la polarización entre santistas y uribistas.
Luego todo parece indicar que cada quien se irá con la fuerza de su
preferencia, bien sea uribista o santista y el partido conservador se
encontrará en la misma situación en que se encontró el liberalismo del Reino
Unido y que lo constituyó en un partido marginal, residual, como para armar
coaliciones. Se convierte pues, en un partido coalicionista.
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