POR: RAUL
PACHECO BLANCO.
Yo quedé encantado con el personaje. Un poeta venido de Europa,
concretamente de España, para meterse en el barro de Concepción, o la Concia,
como dicen los rovirenses, en pleno siglo XIX , no para leer poemas o hacer literatura, sino para enseñar agricultura, se
salía de todo marco de referencia. Pero
el general Solón Wilches, fiel a su “despotismo ilustrado” se le antojó crearle
casi una universidad a su pueblo. Y entonces
fundó el Instituto Agrícola. Y se
llevó un grupo de profesores extranjeros, entre los cuales había belgas y
alemanes, para regentar las cátedras correspondientes. Y para poner al frente de ese programa redentor para la región,
escogió a don José María Gutiérrez de Alba, un español salido quien sabe de
dónde, presentado como un científico que
podía redimir a García Rovira de su ancestral pobreza. Todo seria leche y miel
en la región rovirense. Como esa
historia comarcana y nacional de ese siglo es tan exótica, original y
pintoresca, escribí una biografía satírica del general Wilches . Y ahí fue cuando topé
con el personaje. Un letrado que se iba a Concepción a enseñar agricultura a
jóvenes que más sabían de ella que el mismo don José María. Pero lo más exótico
era que había más profesores que alumnos. Y ahora se viene a saber que ese
exótico personaje era un espía, pagado por el gobierno español para vigilar los
movimientos del gobierno colombiano durante el periodo radical que nos llevó al
federalismo, al estado laico y al imperio de la ciencia. Y don José María no solamente era un poeta,
sino que se dedicó a dibujar la flora y la fauna del país y los fue estampando en
cuadernos que dejó a sus herederos. Y no
sabemos cómo, los herederos se contactaron con
Villegas editores, quien los negoció y se propuso editarlos. Dice Fernando Gómez Echeverry , El Tiempo,
8-XII-012, que se trata de más de
cuatrocientos dibujos sobre paisajes, chirimoyas, mangos y flores, lo mismo que
pájaros y restos arqueológicos. Por lo tanto,
don José María Gutiérrez de Alba como espía
era más peligroso que un colibrí , como agricultor era un mal poeta y como investigador un estupendo dibujante.
En su discurso de posesión del colegio Agrícola de la Concepción diría en
1.880, “ En efecto, señores, el agricultor que apoyado en sus conocimientos ,
ya, por decirlo así, a obligar a la naturaleza a producir en cantidad y en calidad frutos superiores a los que produce
espontáneamente, tienen que ser dueño de los variados resortes de que puede
valerse para producir estas maravillas, sin lo cual le sería de todo punto
imposible conseguir su propósito” ( El León del Norte, pag 214, Sic,2.002 ) . Los variados resortes que tenía don José María
iban a producir la maravilla de ver a García Rovira como todo un imperio
agrícola. Y se ve claro también, que de existir don José María, hubiera sido el preciso para convertir en una autopista la carretera a
Málaga. El Instituto Agrícola duró lo que una empanada en la puerta de una
escuela y los laboratorios y toda su estantería macondiana vino a parar a
Bucaramanga para inaugurar las épocas de la Regeneración.
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